domingo, 17 de octubre de 2010

La conducta se puede explicar socialmente

Hablar de Psicología social moviliza imágenes que yo podría centrar en dos categorías: imágenes que muestran un conjunto de personas que denominamos “grupo” y conjuntos que reconocemos como ideologías. Un ejemplo de la primer categoría es la familia, de la segunda; los nazis. Así, la Psicología social nos lleva a pensar, desde un primer nivel, en grupos e ideologías. Pero ¿cuál es la relevancia de hablar sobre grupos o ideologías? La importancia radica en que el grupo favorece y satisface las necesidades básicas afectivas y productivas, desde la reproducción hasta el sustento. Cualquier acción; emocional, afectiva, imaginaria o ideológica se define siempre a través del otro, porque las relaciones siempre son circulares, en mutua dependencia. Pero hablar solamente de grupos o ideologías es un objeto de estudio propio de la Sociología puesto que estamos hablando de estructuras relacionales y sistemas culturales. Lo propio de la Psicología social es hablar de cómo el individuo interactúa con el ambiente social adaptándose y formando parte activa en una relación práctico-material. ¿Cómo interactúa el individuo? Pues lo hace a través de una conducta, pero su conducta no es la de un autómata sino que está permeada por emociones, motivaciones, influencias, ideas, valores que lo ayudan a acotar su interacción con los otros dando forma y matices a su pensamiento. Entonces, si todas las interacciones se encuentran en una relación circular entre el individuo y su medio ambiente social, la conducta de cada individuo se puede explicar socialmente pero no como lo hace la Sociología, basándose en datos externos, sino que lo hace explicando la dimensión de la asunción de lo exterior interiormente. ¿Por qué ésta dimensión? Porque los individuos y los grupos elaboran la exterioridad mentalmente y luego actúan en consecuencia.
Desde ésta dimensión y con el objetivo de explicar la conducta socialmente, ahora podemos hablar de la importancia de las normas y valores culturales que organizan la vida del sujeto en función de criterios de clasificación, esto es, de categorización.
La categorización se encuentra en dos dimensiones de un mismo proceso, una de interioridad, psicológica y otra de exterioridad, social, al mismo tiempo que el individuo organiza su psiquismo también va organizando y modelando su identidad; que es un proceso psicosocial. ¿Cómo la hace? ¿Cómo asume la exterioridad interiormente, la elabora y se conduce a través de otros? Desde la más temprana infancia, el sujeto internaliza que su comportamiento puede traerle aprobación y satisfacción o, por el contrario, desacuerdo y culpa con su respectivo castigo. El infante va a definir su yo y sus roles en función de su relación con la madre primeramente y, después con los demás, ya que es introducido en un sistema de valores y creencias donde es motivado por el deseo de mantener relaciones gratificantes. Se mantiene en el sistema porque la cultura tiene una gran ventaja: proporciona organización, estabilidad y armonía que son imprescindibles para el sujeto porque se organizan y regulan las relaciones del grupo evitando la autodestrucción y la destrucción del entorno. Así, cada sujeto dentro del grupo y cada grupo logran acentuar similitudes y diferencias con respecto a otros individuos y grupos.
Hasta este momento, yo no he encontrado alguna división posible entre lo individual y lo social, más aún, no creo que sea posible tal partición, puesto que la estructura bio-psicológica de cada individuo es la base de la vida social. No puede existir una sin la otra.
Si la conducta se explica siempre por una relación existente entre individuos y cosas en un entorno, no encuentro cabida para ver al individuo o grupo como determinado por estructuras sociales, pues estas pueden regular el comportamiento pero son susceptibles a ser modificadas o anuladas cuando el individuo y luego los grupos perciben que son obsoletas para su interacción.

Xanya Montes González.