Cuando se habla de Psicología Social lo primero que llega a la mente son los grupos, grupos de toda clase, qué hacen los grupos, cuál es su objetivo o meta, si son o no poderosos y, sobre todo, se piensa en su ideología, qué tipo de grupo es; por qué se formó ese grupo, qué quiere obtener el grupo. También, se puede pensar en los grupos por sus problemas y el modo de intervenirlos, por sus relaciones interpersonales negativas, terapias grupales, etc.
Pero es con los experimentos de Solomon Asch y Musafer Sherif que encuentro el tuétano de la Psicología Social. Antes de interiorizar sus aportaciones teóricas y metodológicas mi concepción de lo grupal se encontraba más enfocada a los datos externos, sociológicos que no me permitían encontrar la esencia de mi carrera. Ahora puedo observar que lo esencial de la Psicología Social no es la descripción que pueda dar sobre algún fenómeno sino la explicación del proceso por el que sucede el fenómeno y ésta explicación se encuentra en la organización cognitiva individual en la que, como demostraron Asch y Sherif, siempre está implicado el otro. Los individuos reorganizan, remplazan y adaptan sus representaciones de la realidad para estar en armonía con la realidad social. Esto también acorta la distancia con el término social, ya que estos experimentos demuestran que lo social no es un concepto abstracto sino una relación del sujeto con su prójimo en momentos específicos espontáneos o cotidianos. Relación que inicia en las emociones, pasa por la reflexión y aterriza en la conducta.
Pero ¿qué es lo que estimula u obliga a un individuo a tomar posición ante los otros?
La respuesta a esto la encuentro en el concepto de Influencia. Cuando hablo de Influencia me refiero a la manera en que los esquemas referenciales del individuo son modificados o afectados por el otro, por su entorno, en momentos específicos y que lo llevan a un cambio en su conducta o en su actitud.
Si bien los experimentos de Asch sobre “Conformidad” y el de Sherif sobre la formación de las normas representan en sus resultados que los individuos necesitan estar en acuerdo y no en oposición al grupo y que la Psicología Social se hace en la acción y no solo en la observación, su mayor aportación la encuentro en que cimentan las bases para una teoría que explica al sujeto no como un ente incapaz de reflexionar, sino que explican al sujeto como un individuo que está en constante interacción, necesitado de sentimientos, pensamientos y conductas que le aporten identidad, que testifiquen su existencia. Me refiero a la teoría de “La influencia informativa” (J.C. Turner, 1987). Turner explica que la influencia informativa es el proceso por el cual el individuo modifica las incertidumbres de sus esquemas referenciales introduciendo en su pensamiento las creencias y opiniones de los demás, aceptándolas como evidencias de la realidad, conduciendo al individuo a un cambio en su actitud. Cambio producido no por sumisión sino por identificación. El sujeto asume la información del otro como correcta, verdadera.
Pero ¿cómo explicar que los individuos actúen en oposición a su propia valoración de la realidad? Si todos los seres humanos poseemos la capacidad de reflexionar y podemos emitir juicios a favor o en contra de lo que opinan o hacen los demás, entonces debe haber una variable o estímulo que obligue al individuo a conformarse. Esta pregunta encuentra respuesta en los planteamientos de C. Kelman sobre “los procesos de conformidad”. Para él existe un proceso llamado “Sumisión” que se da cuando el individuo acepta modificar su conducta esperando conseguir algún beneficio, retribución o reacción por parte del comunicante. El sujeto necesita estar en acuerdo para conseguir sus propios objetivos. El otro tiene los medios para premiar o castigar, dar o quitar algún beneficio del sujeto.
Así, las aportaciones teóricas y prácticas de los autores mencionados contribuyen a la demostración de que el ser humano no se somete ante los demás por ser irracional sino que actúa motivado por su esencia, el ser humano es esencialmente social y, es por esto que, siempre va a existir en él la necesidad de estar en acuerdo y no en contra de su grupo social.
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